Los más de 100 millones de dólares recaudados por “El intercambio”, hicieron pensar que Clint Eastwood se recuperaba del escaso éxito de taquilla que tuvieron dos de sus últimas producciones “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo Jima”. Quizás la profundidad y complejidad de ambas películas fue demasiado para el espectador que busca ir al cine a “pasar el rato”, que intenta evadirse y no pensar en nada más. No obstante, ni siquiera esto podría quitarles a aninguna la etiqueta de “obra mestra”, como tampoco puede quitársele a “El intercambio”, otra maravillosa lección de narración cinematográfica.
Sin embargo, nada hacía pensar que “Gran Torino”, su última producción, se convertiría en el mayor éxito de su carrera, con una recaudación de 120 millones de dólares y que aún sigue creciendo. Puede que sea el anuncio de su última aparición en pantalla lo que ha creado tanta expectación; sin embargo, podemos afirmar que el gran maetsro no decepciona.
Walt Kowalski es un antiguo mecánico que acaba de quedarse viudo. Su vida, marcada por su participación en la Guerra de Corea, se limita a ciertas reparaciones caseras, numerosas cervezas y la contemplación de su Gran Torino del 72. Se trata de un viejo huraño y desagradable que bien podría haber sido aquello en lo que se convirtiera Harry ”El sucio”. La disconformidad con todo lo que le rodea: amigos, familiares o incluso el propio barrio, define a este patriota anclado en el pasado.
Pero todo cambia cuando el joven Thao, uno de los vecinos hmong de Walt intenta robarle su tesoro más preciado, su Gran Torino, como muestra de valentía para entrar en una banda. Pero el viejo Walt lo impide, convirtiéndose, casi sin quererlo en el héroe del barrio y abriéndose poco a poco, al universo oriental de sus vecinos que tanto despreciaba y que le hará recordar su pasado más oscuro.

La muerte, las relaciones familiares perdidas, el racismo, la religión o la violencia son algunos de los temas que se entremezclan en la vida de Walt. La conjunción de drama y humor funciona, dando al relato una continuidad apropiada que contrasta con la emotividad contenida de algunas escenas. En definitiva, nos encontramos a un Eastwood deteriorado por el paso de los años, que, inconscientemente, va a encontrar lo que durante años le faltó donde nunca pensó hacerlo. El final de esta maravillosa obra nos enseña que nunca es demasiado tarde para aprender, que nunca se ha aprendido todo y que las grandes historias, como esta, a veces solo surgen de los pequeños detalles. Y en cine, como no podía ser de otra forma, esto se consigue con una puesta en escena que sólo puede calificarse de impecable.
¡Una gran despedida maestro!…
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada
http://www.labutaca.net/
http://www.fotogramas.es/
http://www.todocine.com/
