
La RAE define al periodista como una “persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión o autorizada legalmente para ejercer el periodismo”.
Parece evidente que la denominación “periodista” exige una preparación académica, unos conocimientos profesionales que permitan conocer las reglas y normas básicas de los géneros periodísticos, pero sobre todo, exige el conocimiento de un código deontológico, un código de conducta y un código moral que permitan distinguir entre información y sensacionalismo, noticia y sucesos, actualidad y curiosidad…
En esta nueva era en la que la web 2.0 o incluso la web 3.0 se presentan como el futuro de la comunicación on line, la profesión del periodista está en peligro. La participación ciudadana en la información es un hecho: miles de internautas comentan hoy noticias en todos los medios de comunicación; los blogs, chats y foros nos inundan, y las llamadas redes sociales crecen a un ritmo demoledor. Es la era de la interactividad, de la implicación de los ciudadanos en la información; sin embargo, esto entraña algunos riesgos, como pueden ser perder de vista la información real, la verificada, la auténtica: el periodismo propiamente dicho.
Cuando nacieron estas herramientas de interactividad, los medios de comunicación digitales emprendieron una especie de lucha por la audiencia. Sin embargo, se dieron cuenta de que no merecía la pena mantener esta competencia directa, que la clave era la integración. Y de esta forma, empezaron a resevarse espacios en los medios digitales reservados a la opinión ciudadana y finalmente ha acabado convirtiéndose en lo que, muy erróneamente, se ha denominado periodismo ciudadano.
Hoy es fundamental que los usuarios acudan a los medios, participen, den su opinión, aporten información… la participación ciudadana se ha convertido en una nueva fuente de información para los periodistas que muchas veces conocen a través de los comentarios de sus lectores y a partir de ahí, solo deben verificar los datos. Sin embargo, no todo son ventajas.
El periodismo ciudadano favorece la confusión en la red, la difusión de informaciones falsas o erróneas y, sobre todo, crea una maraña de páginas, blogs, comentarios, foros… en los que cualquiera opina, pero donde no podemos diferenciar la calidad de la basura que, desgraciadamente, es mucha. Es por esto por lo que la figura del periodista sigue y seguirá siendo esencial, una garantía, un sello de calidad.
Probablemente en un futuro no muy lejano, muchos medios publiquen noticias enviadas por los propios ciudadanos, la mayoría sucesos, y seguramente esto será lo que encontraremos los próximos años en la red; sin embargo -como dice Jose Luis Orihuela-, NUNCA será periodismo, simplemente comunicación, información ciudadana por iniciativa propia, no más…